El poder de una palabra

Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos.Henri Poincaré

Momentos 28 abril 2008

Filed under: Uncategorized — elpoderdeunapalabra @ 8:43 am

Tranquila,fluida y reconfortante conversación con el argentino-andaluz que dice “eztupendo” y el americano de Houston que dice “ejque”,y como fondo… la Catedral de la Almudena.
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Filed under: Uncategorized — elpoderdeunapalabra @ 7:33 am

La mejor canción que conozco sobre el momento creativo

Relojes en la oscuridad

 Antonio Vega

Puede ser todo una mentira
bien adornada,
letra para una canción
qué más da si fue pasado o no.
Sólo me encuentro en mis papeles
locos que piensan,
salen de un circo inmortal
y me enseñan lo que ignoro de ti .
No cambiaría jamás
este universo informal
donde crecen las semillas de lo absurdo y lo genial,
donde el hierro se retuerce y se convierte en lo esencial.
Tengo un reloj de treinta horas
se pone en marcha al escribir,
cuando se va la noción
y me acerco lentamente a ti.
Como un torrente poderoso,
mezclado el barro con el cristal,
emergen hasta el papel
y cobran forma, la locura y la paz.
No cambiaría jamás
este universo informal
donde crecen las semillas de lo absurdo y lo genial,
donde el hierro se retuerce y se convierte en lo esencial.
Mundo que fue, por no dejar de ser será,
mi habitación de hotel con ventanas al mar.
Oigo tu voz pedir lo que nunca existirá
a fuerza de recordar lo que no llego a pasar.
He aprendido a ser una pieza más
un eslabón en la oscuridad.
Hay una forma de parar el tiempo
desordenando la evolución
y en la prehistoria encontrar
esos ojos que no puedo olvidar.
No me da miedo lo que tú me digas,
ni esas historias del más allá,
sólo me asusta escuchar
los relojes en la oscuridad.
No cambiaría jamás
este universo informal.

 

Encuentros 19 abril 2008

Filed under: Uncategorized — elpoderdeunapalabra @ 2:34 pm


Los amigos se encuentran

y entonces nos reconocemos en cada gesto,
cada ocurrencia, en cada desatino y en tanta debilidad.
Y nos buscamos,
y andamos imaginando que todo nos pertenece,
que el despiadado ambiente brega de nuestro lado,
entre tanta ilusión perdida, tanta desavenencia y callado desasosiego.

Y nos celebramos,
nos intuimos y respetamos,
y nos empuja una sorprendente fuerza, la nuestra,
que estaba ahí, hibernado en la cueva de nuestra flaqueza.
Fuerza, nuestra fuerza.
La fuerza de la sensibilidad.

Nos relajamos, un poco,
y ofrecemos algo de aquello que nos es común
para deleite de nosotros mismos
y por si acaso le fuera útil a aquél en el nos hemos reconocido…
…al césar lo que es del césar…